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Mensaje a los Encargados de las Políticas Antidrogas en el Hemisferio:
El presente encuentro para desarrollar la estrategia antidrogas del hemisferio ofrece la oportunidad de reconocer que, luego de dos décadas, la guerra contra las drogas, tanto en Latinoamérica como en los Estados Unidos, es un fracaso. A pesar de que el gasto de los EE.UU. para la guerra contra las drogas se ha incrementado 17 veces desde 1980, a pesar de las incautaciones, arrestos y detenciones domésticas, y de la destrucción de cientos de laboratorios de droga y de cultivos de coca y amapola en los países productores, hoy en día en los Estados Unidos las drogas ilícitas son más baratas, más potentes y más fáciles de obtener que hace dos décadas.
Con el argumento del combate a las drogas, se ha disparado la ayuda militar estadounidense para Colombia: en estos momentos Colombia es ampliamente el país del hemisferio que más ayuda militar recibe de los Estados Unidos, y el tercero en el mundo, después de Israel y Egipto. No obstante, durante la última década la totalidad de la producción de droga en Colombia aumentó en un 260 por ciento. El escalamiento de la militarización de la guerra antidrogas en Colombia y en otras partes del continente pone en peligro la estabilidad de la región, socava los esfuerzos a favor de la democracia y de la desmilitarización, y ha puesto en ocasiones la asistencia económica estadounidense en manos de funcionarios corruptos y de unidades militares, policiales y de inteligencia involucradas en abusos a los derechos humanos.
Antes de que la guerra se intensifique aún más, sería necesario hacer una evaluación franca de esta estrategia. El problema de las drogas no se ha resuelto porque se ha abordado de un modo – prohibición reforzada por una guerra antinarcótica militarizada – fundamentalmente equivocado:
La política antidrogas de los Estados Unidos ataca de manera desproporcionada a los campesinos cultivadores, sin tener en cuenta la pobreza y desigualdad, extendidas por todo el continente, que son la verdadera raíz de los cultivos ilícitos.
Según estimaciones de la Naciones Unidas, se necesitaría interceptar al menos un 75% de los cargamentos de droga para que se reduzcan de manera sustancial las ganancias del tráfico de drogas. Pero, de acuerdo a las estimaciones más optimistas, las actividades de interdicción no logran interceptar más de un 10 a 15% de heroína y un 30% de cocaína.
Aunque se controle el cultivo de droga, su procesamiento y transporte en un área determinada, la demanda permanente de los Estados Unidos es garantía suficiente para que surjan en otro lugar.
Las cárceles de los Estados Unidos están llenas con más de 400.000 presos por infracciones relacionadas con drogas. Buena parte de estos son pequeños negociantes. Sólo un 5 por ciento de los encarcelados por crack son negociantes de alto nivel.
La actual estrategia para las drogas no puede ser eficaz dada la magnitud de las ganancias que generan las drogas ilícitas. De acuerdo al gobierno estadounidense, éstas alcanzan 27 mil millones de dólares al año solamente en los Estados Unidos. Según las Naciones Unidas, el comercio de la drogas reporta 400 mil millones de dólares, lo que equivale a un 8% del comercio mundial.
Podrán obtenerse resultados diferentes de continuar implementándose esta misma política? Claramente la respuesta es no.
El problema no está en el monto de los fondos, la potencia de las armas o las prisiones. Lo que se necesita es un cambio total de política. Para ser efectiva, la estrategia antidrogas de los EE.UU. debe abandonar la erradicación e interdicción militarizada en América Latina, y el enfoque doméstico dominado por la penalización. Ahora que ustedes se reúnen para discutir sobre los lineamientos futuros del control de drogas, los instamos a que consideren los siguientes puntos:
Si se trata de reducir el consumo de cocaína, de acuerdo a un estudio de la RAND Corporation, el tratamiento médico es 7 veces más rentable que la penalización doméstica, 10 veces más que la interdicción y 23 veces más que la erradicación.
Extender la guerra estadounidense contra las drogas a otros países solamente contribuirá a extender el fracaso del control de las drogas a lo largo y ancho del hemisferio, a la vez que generará más conflictos y perjuicios al medio ambiente.
El énfasis debe ser puesto en salud pública, desarrollo económico, protección a los derechos humanos, y en enfoques pragmáticos tendientes a reducir los problemas relacionados con drogas.
Una solución a largo plazo para el comercio de drogas debe desarrollarse a través de un diálogo con los países y las organizaciones no gubernamentales del hemisferio con el fin de examinar otras alternativas de la actual política para las drogas.
ANTONIO ARANIBAR, Ex-Canciller de Bolivia
OSCAR ARIAS, Ex-Presidente de Costa Rica y Premio Nobel de la Paz
HARRY BELAFONTE, Actor , Cantante y Activista
BELISARIO BETANCUR, Ex-Presidente de Colombia
REV. DR. JOAN BROWN CAMPBELL, Secretaria General, National Council of Churches
JORGE CASTANEDA, Mexicano, Autor y Profesor de Políticas en la New York University
VIOLETA CHAMORRO, Ex-Presidenta de Nicaragua, y Ama de Casa
ADOLFO PEREZ ESQUIVEL, Argentino, Premio Nobel de la Paz,
SHIRLEY FINGERHOOD, Antigua Juez de la Corte Suprema del Estado de Nueva York
JAMES P. GRAY, Juez de la Corte Superior, Condado de Orange, California
DR. HOWARD HIATT, Ex-Decano de la Escuela de Salud Pública de Harvard
CRUZ REYNOSO, Antiguo Juez de la Corte Suprema del Estado de California
MARIO VARGAS LLOSA, Escritor Peruano
ROBERT WHITE, Presidente del Center for International Policy, y Ex-Embajador de los Estados Unidos en El Salvador y Paraguay
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